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Oficina Pastoral Central para Ministerios Hispanos

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De Nuestro Pastor Nacional


“Y cuando vio a las multitudes tuvo compasión de ellas; porque estaban acosadas y desamparadas como ovejas que no tienen pastor.”

Mateo 9:36

 

He estado leyendo los evangelios una y otra vez tratando de capturar la esencia del mensaje de Jesús. Algo que me ha llamado la atención es la palabra “multitudes”. Las multitudes se agrupaban alrededor de Jesús para escuchar sus enseñanzas y su peculiar y revolucionario método de hablar en parábolas.

 

Las multitudes se agrupaban porque Jesús hablaba con autoridad. Su enseñanza no era aburrida, sino impactante y relevante para el pueblo. Las multitudes se agrupaban porque poder y virtud salían de él para sanar. Muchos enfermos de diversos males acudían a él y eran sanados. Otros cautivos por espíritus inmundos eran liberados. Doquiera Jesús entraba ya sea una aldea, una sinagoga, una ciudad, o un hogar, las multitudes le seguían. 

 

En su hogar en Capernaúm, la gente no cabía en la casa y cuatro amigos se las arreglaron para bajar a un paralítico por el techo de la casa y allí ocurrieron dos milagros extraordinarios: el perdón de sus pecados y la sanidad divina. Si pudieramos decir en una frase  acerca de la experiencia de encuentro de Jesus con la gente; esta sería: “Cuando Jesús pasa, algo pasa”.  Por ejemplo, Zaqueo devuelve lo robado cuatro veces, una mujer con flujo de sangre se sana, un ciego se lava en el estanque y regresa viendo, un niño trae su merienda y se multiplica para alimentar miles de personas.

 

El texto en el evangelio de Mateo y en los demás evangelios nos relatan que en una ocasión las multitudes le siguieron por un espacio de tres días. Fue en esa ocasión que tuvo compasión de las multitudes.  Además se registra que Jesús le pidió a sus discípulos que les dieran de comer. El Maestro, Señor y Dios eterno, no solo se preocupaba de la vida espiritual de las multitudes sino también de sus necesidades básicas como el pan de cada día.

 

Es mi oración que en nuestras congregaciones el púlpito truene con enseñanzas que se presenten con autoridad. Que Su Palabra se levante en alto para que las multitudes se edifiquen en el fundamento eterno de salvación, transformación y liberación. Que la adoración pueda llevar al pueblo a su presencia y que su presencia transforme y edifique los corazones. “Que cuando Jesús pase, algo pase”. 

 

Bendiciones,

Rev. Dr. Huberto Pimentel