Siembra
reconciliación y cosecha justicia
Notas
sobre la Parábola del sembrador (Marcos 4.1-20)
Por
Rev. Dr. Pablo A. Jiménez
Bosquejo
I.
Introducción
II.
La parábola del sembrador
III.
Texto y contexto
IV.
El mensaje de reconciliación
V.
Conclusión
VI.
Bibliografía
I.
Introducción
La
Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en los Estados
Unidos y el Canadá (ICDC) es un cuerpo multiétnico
y multicultural. Es decir, nuestra denominación está
compuesta por personas que provienen de distintos grupos étnicos
y de distintas culturas. Por ejemplo, aunque las personas que
fundaron nuestra denominación eran mayormente anglo-europeas,
hoy día nuestra denominación cuenta con congregaciones
afro-americanas, asiáticas e hispanas. En dichas congregaciones
hay personas de distintos trasfondos nacionales y hasta de distintas
subculturas. Por ejemplo, es común encontrar personas haitianas
o jamaiquinas en muchas de nuestras congregaciones afro-americanas.
Del mismo modo, podemos encontrar una persona del sur de los Estados
Unidos adorando junto a una persona tejana y a otra de Nueva York.
Las
congregaciones hispanas ejemplifican la diversidad étnica
y cultural de nuestra denominación. Es común encontrar
personas de varios países en nuestras congregaciones de
habla hispana, donde un guatemalteco adora junto a una mexicana
y un puertorriqueño. Del mismo modo, tenemos personas hispanas
de piel blanca adorando junto a creyentes de trasfondo africano
e indígena.
Lamentablemente,
hay personas anglo-europeas que resienten la presencia de personas
de otros grupos étnicos y culturales en la ICDC. Este resentimiento
ha causado el desarrollo de un sistema racista, donde el poder
de tomar las decisiones más importantes en la vida institucional
de nuestra Iglesia queda en un grupo reducido de personas anglo-europeas.
De este modo, las personas de otros trasfondos étnicos
y culturales son vistas como intrusas o advenedizas que son meros
objetos de la acción pastoral. En lugar de ver a los nuevos
grupos de “Discípulos” como compañeros
y compañeras en el ministerio, les ven como subalternos
que deben someterse a las decisiones de quienes tradicionalmente
han tenido el poder en sus manos.
El
Ministerio de Reconciliación de nuestra Iglesia busca cambiar
esta situación, afirmando que el pueblo de Dios es “una
gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las
naciones, tribus, pueblos y lenguas” (Ap 7:9). Por esta
razón, el Ministerio de Reconciliación se dedica
a luchar contra el racismo institucional que se manifiesta en
el uso opresivo del poder por parte de un grupo contra otros.
Para esto, es necesario entrar en un proceso de acción
y reflexión que nos lleve analizar el sistema racista que
opera tanto en nuestra denominación como en nuestra sociedad.
Nuestra meta es desarrollar una práctica de la fe inclusiva
y reconciliadora, que rechace el racismo y promueva la reconciliación
entre los distintos grupos étnico-raciales que componen
la ICDC.
II.
La parábola del sembrador
El
texto que sirve de base a nuestra reflexión sobre la reconciliación
es la Parábola del sembrador, que se encuentra en Marcos
4:1-20. El texto dice:
1Otra
vez comenzó Jesús a enseñar junto al mar.
Y se reunió alrededor de él tanta gente, que subió
a una barca que estaba en el mar, y se sentó; mientras,
la gente se quedaba en la orilla. 2Entonces les enseñaba
por medio de parábolas muchas cosas. Les decía
en su enseñanza: 3Oíd: El sembrador salió
a sembrar; 4y, al sembrar, aconteció que una parte cayó
junto al camino, y vinieron las aves del cielo y se la comieron.
5Otra parte cayó en pedregales, donde no había
mucha tierra, y brotó pronto, porque la tierra no era
profunda; 6pero cuando salió el sol se quemó,
y como no tenía raíz, se secó. 7Otra parte
cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron,
y no dio fruto. 8Pero otra parte cayó en buena tierra,
y dio fruto, pues brotó, creció y produjo a treinta,
a sesenta y a ciento por uno. 9Entonces añadió:
El que tiene oídos para oír, oiga.10Cuando quedó
solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron
sobre la parábola. 11Y les dijo: A vosotros os es dado
saber el misterio del reino de Dios; pero a los que están
fuera, por parábolas todas las cosas, 12para que viendo,
vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que
no se conviertan y les sean perdonados los pecados. 13Y les
dijo: ¿No entendéis esta parábola? ¿Cómo,
pues, entenderéis todas las parábolas? 14El sembrador
es el que siembra la palabra. 15Los de junto al camino son aquellos
en quienes se siembra la palabra, pero después que la
oyen viene Satanás y quita la palabra que se sembró
en sus corazones. 16De igual modo, los que fueron sembrados
en pedregales son los que, al oír la palabra, al momento
la reciben con gozo; 17pero no tienen raíz en sí
y no se mantienen firmes; por eso, cuando viene la tribulación
o la persecución por causa de la palabra, tropiezan.
18Los que fueron sembrados entre espinos son los que oyen la
palabra, 19pero los afanes de este siglo, el engaño de
las riquezas y las codicias de otras cosas, entran y ahogan
la palabra, y la hacen infructuosa. 20Y los que fueron sembrados
en buena tierra son los que oyen la palabra, la reciben y dan
fruto a treinta, a sesenta y a ciento por uno.
Las
parábolas son historias cortas que emplean asuntos comunes—como
la siembra, la pesca o la limpieza de una casa—para hablar
del asunto más profundo que un ser humano pueda pensar:
el reino de Dios. Su propósito principal es transformar
nuestra manera de ver el mundo, destruyendo nuestra vieja manera
de comprender la realidad. Por medio de esta forma literaria,
Dios desea que veamos la vida a través de los ojos de la
fe; que interpretemos la vida a la luz de los valores de su reino;
y que transformemos nuestra forma de pensar, hasta que lleguemos
a tener la mente de Cristo.
Como
Jesús predicó sus parábolas con el propósito
de cambiar radicalmente la forma como la gente de su época
pensaba, queda claro que para comprender correctamente las parábolas
hoy día es necesario recuperar sus elementos escandalosos.
Si no comprendemos por qué el liderazgo del tiempo de Jesús
pensaba que las parábolas eran ofensivas y escandalosas,
no comprendemos la parábola. Es decir, uno sólo
comprende una parábola cuando le encuentra el “escándalo”
a la historia.
¿Por
qué la gente del tiempo de Jesús encontró
escandalosa la Parábola del Sembrador (Mateo 13:1-9)? La
mayor parte de nosotros no la encontramos escandalosa. Repasemos,
pues, la historia. Un sembrador echó semilla en cuatro
tipos de terrenos distintos. El sembrador representa a Dios, la
semilla al mensaje del evangelio y los terrenos a distintos tipos
de personas. Cuando el mensaje del evangelio cae en un corazón
receptivo, la semilla da el fruto adecuado. Esta es la interpretación
correcta, ¿No? Pues no, esta no es la interpretación
correcta. La historia nos enseña que un terreno promedio
en la Palestina antigua daba poco más de cuatro medidas
de grano por cada medida de semilla. Es decir, si usted sembraba
un kilo de semilla, podría esperar un promedio de 4.8 kilos
de grano. En el valle del Sarón, dónde están
los terrenos más fértiles de Israel, las cosechas
podían llegar a dar entre seis a ocho medidas de grano
por cada medida de semilla. En el caso de la parábola del
sembrador, las cosechas dieron treinta por uno, sesenta por uno
y hasta cien por uno. Es decir, lo que la parábola describe
es sencillamente imposible.
El
mensaje de la Parábola del Sembrador es que el reino de
Dios da frutos insospechados, milagrosos y hasta increíbles.
Cuando el reino se encarna en un lugar, los resultados son sorprendentes,
inesperados y hasta imposibles de creer.
III.
Texto y contexto
La
Parábola del sembrador describe un mundo donde la mayor
parte de la gente se dedicaba a cosechar la tierra. Debemos tener
presentes que las técnicas para sembrar eran muy distintas
en el mundo antiguo. Específicamente, la parábola
describe a una persona que siembra “al voleo”, esto
es, tirando la semilla en el suelo. Cook y Foulkes describen esta
técnica de la siguiente manera:
Desde
tiempos bíblicos se acostumbra sembrar en tierra no irrigada
antes de arar. Sobre el terreno árido el sembrador desparrama
su preciosa semilla. La simiente cae sobre los terrones secos,
el duro sendero, las rocas que se asoman entre la tierra y los
espinos que han renacido desde la última cosecha. Después,
el sembrador escarbará el campo con un rústico
arado de madera, cubriendo la semilla con una delgada capa de
tierra. (Cook y Foulkes: 132)
La
parábola describe cómo la semilla cae en distintos
tipos de tierra. La tierra que está “junto al camino”
(v. 4) es muy dura, ya que ha quedado compactada por el paso de
la gente y de los animales. No debe sorprendernos que parte de
la semilla haya caído entre pedregales (v. 5) ya que “los
campos de Palestina consisten aun de una capa de tierra arable
que apenas consigue cubrir el sustrato de piedra calcárea”.
(Cook y Foulkes: 132) Esta condición también explica
la presencia de los espinos (v. 5) y las raíces secas de
algunas plantas nuevas (v. 6). Como indicamos anteriormente, el
fruto promedio de un terreno era de cuatro a cinco por uno, lo
que recalca el aspecto carácter milagroso del fruto dado
por el terreno fértil.
Los
vv. 9 al 12 explican el propósito de las parábolas.
El v. 12 hace referencia a Isaías 6:9-10. ¿Cómo
podemos explicar este extraño pasaje? Malina y Rohrbaugh
(203), en su excelente comentario sociológico de los evangelios,
explican que el Nuevo Testamento contiene muchos pasajes bíblicos
que dividen la gente en dos grupos: la gente que está “adentro”
y la que está “afuera”. Los “de adentro”
forman el grupo interno e íntimo en el cual se puede confiar.
Los “de afuera” forman el grupo externo que se opone
a los propósitos de Dios. Esto explica por qué Jesús
hablaba claro con sus discípulos, pero usaba lenguaje simbólico
para hablar con las multitudes donde bien podían haber
espías enviados por sus enemigos (Mc 4:11).
IV.
El mensaje de reconciliación
Cuando
leemos esta parábola desde la perspectiva del Ministerio
de Reconciliación, encontramos grandes enseñanzas
para nuestro pueblo. Algunas de estas enseñanzas son:
1.
La proclamación del evangelio es un proceso arduo y sacrificado.
Las personas que anuncian el mensaje cristiano van de lugar en
lugar sembrando la semilla de la reconciliación. Algunas
personas rechazaran el mensaje. Otras no abrirán su corazón
al mismo. Aún otras lo abandonarán después
de recibirlo con entusiasmo.
2.
Sin embargo, esto no debe desanimarnos. El mensaje dará
un fruto abundante y sorprendente en las vidas de aquellas personas
que comprendan que la reconciliación con Dios implica necesariamente
la reconciliación con los demás.
3.
Es necesario esperar un tiempo para ver el fruto de la reconciliación.
Del mismo modo que una semilla toma tiempo para convertirse en
un arbusto y para dar fruto, así el mensaje de la reconciliación
toma un tiempo en dar frutos de justicia.
4.
Un grupo relativamente pequeño de creyentes puede hacer
una gran diferencia tanto en la iglesia como en la sociedad. El
fruto espiritual del evangelio es tan grande que un puñado
de personas comprometidas con el reino de Dios pueden transformar
una institución tan compleja como muestra denominación.
5.
En últimas cuentas, el reino de Dios es una realidad “escatológica”,
es decir, relacionada con el fin de los tiempos. Esto quiere decir
que no podremos eliminar totalmente los elementos pecaminosos
de nuestra sociedad. La transformación total del mundo
sólo ocurrirá al final de los tiempos. Sin embargo,
la iglesia, como avanzada y señal del reino de Dios, debe
continuar desafiando a nuestra sociedad a vivir de acuerdo con
los valores divinos. Del mismo modo, la iglesia esforzarse por
vivir de manera tal que la gente pueda ver esos valores reflejados
en nuestra vida diaria.
V.
Conclusión
Santiago
3:18 dice: “Y el fruto de justicia se siembra en paz para
aquellos que hacen la paz.” Con esta certeza en nuestros
corazones, debemos proclamar el mensaje de la reconciliación.
Del mismo modo, debemos luchar para desmantelar el sistema racista
que oprime a nuestra Iglesia, alejándola del reino de Dios.
En fin, afirmamos que si sembramos reconciliación, cosecharemos
justicia. Apoyemos, pues, el Ministerio de Reconciliación
de la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) en los Estados
Unidos y el Canadá.
VI.
Bibliografía
Cook,
Guillermo y Foulkes, Ricardo. Marcos, en la
serie Comentario Bíblico Hispanoamericano (Miami: Editorial
Caribe, 1990).
Malina,
Bruce J. y Rohrbaugh, Richard L. Social-Science Commentary
on the Synoptic Gospels (Minneapolis: Fortress Press,
1992).