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Sobre
la violencia y el abuso sexual
Carta
pastoral escrita por el Rev. Pablo A. Jiménez
Bosquejo:
I.
Introducción
II.
¿Qué es la violencia sexual y el abuso infantil?
III.
El testimonio bíblico
IV.
El abuso sexual en la iglesia
V.
¿Por qué hay tantos casos de abuso sexual?
VI.
Estrategias pastorales
VII.
Conclusión
VIII.
Recursos
Les
saludo en el poderoso nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Esta
carta pastoral tiene el propósito de tocar dos temas muy
delicados: la violencia sexual y el abuso infantil en la iglesia.
Compartimos estas ideas con respeto, esperando que las mismas sean
de edificación para ustedes y de bendición para toda
la Obra Hispana.
I.
Introducción
La
violencia sexual y el abuso infantil se han convertido en un grave
problema para la cristiandad en los Estados Unidos. Es casi imposible
ver un tele-noticiero o abrir un periódico sin encontrar
reportajes sobre el tema. Además, las revistas de noticias
más prestigiosas del país, como Times, Newsweek y
US News & World Report, han publicado largos ensayos sobre estos
temas.
Aunque
la inmensa mayoría de los casos que han llegado a las noticias
han involucrado sacerdotes católico-romanos, no debemos pensar
que los protestantes estamos exentos de estos problemas. Del mismo
modo, aunque la mayor parte de las personas acusadas son anglo-europeas,
el ministerio hispano no está exento de estos problemas.
Cada
caso de abuso infantil socava el lugar que la Iglesia Cristiana,
en todas sus expresiones, ocupa en la sociedad. Las personas que
viven alejadas de Dios usan estas acusaciones como excusa para su
incredulidad. En fin, esta penosa situación nos afecta a
todos.
II. ¿Qué es la violencia sexual
y el abuso infantil?
La
violencia y el abuso sexual cubren varios tipos de conducta inadecuada,
sobre todo para ministros del Evangelio de Jesucristo. Algunas de
estas conductas indebidas son:
1. El
abuso verbal: La forma más común de abuso
sexual es la violencia verbal. Cuando una persona hace chistes
sobre sexo, comentarios inadecuados sobre el físico de
sus compañeros de trabajo, preguntas impropias sobre la
vida sexual de sus feligreses, alarde de sus proezas sexuales,
o se queja de que su pareja no le satisface, dicha persona está
cometiendo actos de violencia sexual. El ministro que hace este
tipo de comentarios impropios constantemente, está creando
un ambiente de trabajo negativo. Del mismo modo, algunos empleados
o feligreses pueden considerar ofensiva la exposición de
afiches, revistas, dibujos, o libros sobre sexo. Los comentarios
constantes sobre temas sexuales y la exposición de material
sexual son suficientes para que empleados o feligreses acusen
a supervisores o ministros de hostigamiento sexual. Debe quedar
claro que la conducta que vemos comúnmente en los programas
de televisión y películas de cine—cuyos temas
giran generalmente en torno al sexo—es inadecuada en cualquier
lugar de trabajo, y mucho más en las instituciones religiosas.
En Puerto Rico hubo un sonado caso donde una empleada acusó
a un ministro de hostigarle sexualmente por comentarios impropios
en tono de broma. La acusación manchó su carrera,
costándole decenas de miles de dólares.
2.
El hostigamiento sexual: El hostigamiento sexual incluye
todo tipo de acercamiento que un subalterno considere indebido.
Algunos de los actos que pueden considerarse como hostigamiento
son los siguientes:
- Invitaciones
o insinuaciones sexuales: Esto incluye todo tipo de
comentario que pueda ser considerado impropio por otra persona.
Incluye las invitaciones a ir solos a comer, al teatro, o a
pasear. Además, incluye los regalos poco apropiados,
como la ropa interior o los trajes de baño. Abarca también
las invitaciones a ir a nadar o a estar juntos en una bañera
de agua caliente (en inglés, «hot tub»).
Claro está, incluye cualquier invitación o insinuación
a dormir juntos, a acariciarse, a desnudarse, a cometer actos
sexuales, o a tener relaciones sexuales de cualquier tipo.
- Contacto
físico: Esto incluye todo tipo de contacto físico
que pueda ser considerado impropio por otra persona. Incluye
los roces de áreas sexuales del cuerpo, las cosquillas,
jugar a la lucha libre con jóvenes de la iglesia, los
abrazos muy largos, los besos (sobre todo en los labios) y apretar
a la persona que uno está abrazando.
- Amenazas
o exigencias sexuales: Los casos más claros
de hostigamiento sexual son aquellos donde un hombre que está
en una posición de autoridad le exige a una empleada
que tenga relaciones sexuales con él, bajo amenaza de
perder su empleo. También son claros los casos donde
hay violencia, como cuando un ministro besa a la fuerza a una
feligrés.
- Cualquier
tipo de contacto sexual: Dado que los pastores y las
pastoras ocupan posiciones de autoridad, cualquier miembro de
la congregación puede acusarles. Aunque la congregación
no tenga empleados como tal, la ley considera que la relación
entre ministros y feligreses es equivalente a las relación
entre jefes y empleados.
3. Las
relaciones consensuales: Algunos ministros piensan que
pueden sostener relaciones románticas, de noviazgo, y hasta
sexuales con sus feligreses, siempre y cuando su pareja esté
de acuerdo. Esto es un gran error. Ante los ojos de la ley, la
relación pastoral no se elimina cuando la otra persona
acepta las insinuaciones del ministro. Para la ley, la relación
entre un ministro y un feligrés es una relación
desigual.
El
ministro tiene autoridad y, por lo tanto, «poder»
sobre sus feligreses. Por esta razón, un feligrés
que ha aceptado de buena gana entrar en una relación amorosa
con su pastor o pastora puede cambiar de opinión en cualquier
momento, acusando al ministro de abusar de su autoridad. La persona
puede decir que «aceptó» la relación
porque se sintió obligada a «obedecer» a su
ministro. Conocí a un profesor de seminario que, estando
comprometido para casarse, notó que una estudiante tenía
interés en él. La muchacha le indicó que
a ella no le importaba que él fuera mayor ni que estuviera
comprometido; ella quería que él le diera una oportunidad.
Aunque salieron juntos varias veces, la relación no progresó.
La estudiante se puso tan triste que fracasó en varios
cursos. Otros compañeros de clase le informaron al decano
de estudios sobre la situación. El profesor fue despedido.
4. El
abuso infantil: Esto incluye todo tipo de contacto verbal
o físico inadecuado con personas menores de edad. En particular,
abarca los contactos que un adulto hace con el propósito
de excitarse sexualmente. Los pastores pueden ser acusados de
abuso infantil por hacer comentarios indebidos, por contacto físico
(tocar, acariciar, desnudar, etcétera), o por actos sexuales
contra la niñez. Hace varios años, un pastor que
dirigía un campamento de jóvenes decidió
«castigar» a un grupo de muchachos que habían
estado haciendo ruido toda la noche. El ministro los desnudó
y los mojó con un chorro de agua a presión. Los
padres de los muchachos lo acusaron de abuso infantil. El ministro
se vio obligado a renunciar a su empleo. Dentro de todo, tuvo
suerte porque no lo acusaron de conducta criminal ante las autoridades.
Noten
que el hostigamiento sexual y el abuso infantil son delitos, son
actos criminales. Por lo tanto, son situaciones que no pueden resolverse
dentro de la iglesia. Por el contrario, estas acusaciones requieren
la intervención de la policía.
Las
personas acusadas de crímenes sexuales pueden ser enjuiciadas
y encarceladas, de ser halladas culpables. Además, pueden
ser demandadas en pleitos civiles, donde las familias de las víctimas
pueden exigir compensación económica por sus sufrimientos.
Del mismo modo, la iglesia—ya sea a nivel congregacional,
regional o general—puede ser demandada también. La
congregación puede ser demandada por permitir el abuso y
la región por darle licencia ministerial al abusador.
La
congregación puede ser demandada aunque la persona abusadora
no sea el pastor o el ministro. Por ejemplo, la iglesia puede ser
demandada si un empleado de la iglesia o un maestro de escuela bíblica
dominical hostiga o abusa sexualmente de algún feligrés.
III. El testimonio bíblico
A través
de la Biblia, Dios llama a cada creyente a vivir en santidad. La
conducta sexual, como parte integral de la vida, debe desarrollarse
en santidad. Escuchen el mensaje de las siguientes porciones bíblicas:
Os
he escrito por carta que no os juntéis con los fornicarios.
No me refiero en general a todos los fornicarios de este mundo,
ni a todos los avaros, ladrones, o idólatras, pues en tal
caso os sería necesario salir del mundo. Más bien
os escribí para que no os juntéis con ninguno que,
llamándose hermano, sea fornicario, avaro, idólatra,
maldiciente, borracho o ladrón; con el tal ni aun comáis,
porque ¿qué razón tendría yo para
juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis
vosotros a los que están dentro? A los que están
fuera, Dios los juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de
entre vosotros.
1
Corintios 5:9-12
Todas
las cosas me son lícitas, pero no todas convienen; todas
las cosas me son lícitas, pero yo no me dejaré dominar
por ninguna. Los alimentos son para el vientre, y el vientre para
los alimentos; pero tanto al uno como a los otros destruirá
Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para
el Señor y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que
levantó al Señor, también a nosotros nos
levantará con su poder. ¿No sabéis que vuestros
cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues,
los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera?
¡De ninguna manera! ¿O no sabéis que el que
se une con una ramera, es un cuerpo con ella?, porque ¿no
dice la Escritura: «Los dos serán una sola carne»?
Pero el que se une al Señor, un espíritu es con
él. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado
que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; pero el que
fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis
que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual
está en vosotros, el cual habéis recibido de Dios,
y que no sois vuestros?, pues habéis sido comprados por
precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro
espíritu, los cuales son de Dios.
1
Corintios 6:12-20
Como
hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes
teníais estando en vuestra ignorancia, sino, así
como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros
santos en toda vuestra manera de vivir, porque escrito está:
«Sed santos, porque yo soy santo».
1
Pedro 1:14-16
La
santidad es una de las características principales de Dios.
Dios es santo. Lo opuesto a la santidad es el pecado. Mientras la
santidad bendice, edifica, y beneficia; el pecado roba, mata, y
destruye. La santidad afirma la vida como un don divino; el pecado
conduce a la muerte, ya que se opone a la vida. La santidad es parte
de las fuerzas de la vida, junto con el amor, la misericordia, la
justicia, la verdad, y la bendición. El pecado es parte de
las fuerzas de la muerte, junto con el odio, la avaricia, la injusticia,
la mentira, y la maldición.
La
persona que se acerca a Dios a través de Jesucristo se acerca
a las fuerzas de la vida. Quien persevera en la fe se convierte
en un agente de las fuerzas de la vida; en un embajador de Dios
que proclama el amor divino hacia toda la humanidad. La persona
que se aleja de Dios queda a merced de las fuerzas de la muerte.
Quien persevera en el pecado se convierte en un agente de las fuerzas
del mal; en un embajador de la muerte que proclama la destrucción
de la humanidad.
Debe
quedar claro, pues, que una persona no puede ser sierva de Dios
y del pecado a la misma vez. Una persona no puede ser embajadora
de las fuerzas del bien y del mal a la misma vez. Es necesario tomar
partido por la vida; es necesario colocarse del lado de Dios.
Mira,
yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y
el mal, porque yo te mando hoy que ames a Jehová, tu Dios,
que andes en sus caminos y guardes sus mandamientos, sus estatutos
y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová,
tu Dios, te bendiga en la tierra a la cual vas a entrar para tomarla
en posesión. Pero si tu corazón se aparta y no obedeces,
te dejas extraviar, te inclinas a dioses ajenos y los sirves,
yo os declaro hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis
vuestros días sobre la tierra adonde vais a entrar para
tomarla en posesión tras pasar el Jordán. A los
cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, de
que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición
y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú
y tu descendencia, amando a Jehová, tu Dios, atendiendo
a su voz y siguiéndolo a él, pues él es tu
vida, así como la prolongación de tus días,
a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová
a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de
dar.
Deuteronomio
30:15-20
IV. El abuso sexual en la iglesia
Aquellos
ministros que abusan sexualmente de los miembros de su congregación
pecan contra Dios, contra las víctimas, contra la iglesia
de Jesucristo, contra la sociedad, y contra la humanidad en general.
Al perseverar en su pecado, se alejan del Dios de la vida. Al perseverar
en su pecado, se convierten en «ministros» del pecado,
del mal, y de la muerte.
Los
ministros que abusan sexualmente de sus feligreses se engañan
a sí mismos. Piensan que el bien que le hacen a la gente
por medio de su predicación, sus oraciones, y sus visitas
pastorales es mucho mayor que el mal que le hacen a las personas
que victimizan. Esto es, miden el bien que hacen contra los males
que cometen. Se convencen a sí mismos que el bien que hacen
es mayor. Piensan que Dios comparará sus «buenas obras»
contra sus «pecados» y que, finalmente, va a «perdonar»
sus delitos sexuales. En el fondo, creen en una salvación
por obras, no por gracia divina.
También
se engañan cuando caen presa de sus propios mecanismos psicológicos
de defensa. Por un lado, no quieren aceptar lo que está pasando.
Ese mecanismo de defensa se llama «negación».
Por otro lado, se ven a sí mismos como si fueran dos personas
distintas. Ese mecanismo de defensa se llama «disociación».
Se ven a sí mismos como si fueran dos personas distintas:
una persona buena que sirve a Dios y otra persona malvada que abusa
sexualmente de inocentes. Una de las razones por las cuales permanecen
en el ministerio es porque esto permite que el lado «bueno»
de su personalidad siga trabajando. En secreto, temen caer presa
del lado «malo» de su personalidad si abandonaran el
ministerio pastoral. Estos procesos psicológicos explican
por qué estos ministros no abandonan el pastorado. También
explican por qué reaccionan con tanta tristeza y tanto arrepentimiento
cuando son descubiertos.
Finalmente,
explican por qué, cuando confiesan sus pecados sexuales,
narran los eventos como si ellos no los hubieran cometido. Por el
contrario, hablan como si el abuso hubiera sido cometido por otra
persona (en este caso, por el lado «malo» de su personalidad).
V. ¿Por qué tantos casos de
abuso sexual?
El
aumento en los casos de violencia sexual y de abuso infantil se
debe a toda una serie de circunstancias. Algunas de estas son:
1. La
crisis de valores en la cultura occidental: La sociedad
norteamericana, así como las sociedades europeas, sufren
una profunda crisis de valores. Esta crisis surge, principalmente,
por tres razones.
- Individualismo:
A través de los siglos, el individualismo ha sido uno
de los valores principales de las sociedades anglo-europeas.
Estas sociedades exaltan a las personas que actúan de
forma independiente y que forjan sus propios caminos. El individualismo
lleva a cada persona a encerrarse en su propio mundo. Las personas
que sienten deseos de cometer delitos sexuales viven en su propio
mundo; un mundo secreto en el cual pueden encerrarse.
- Hedonismo:
Otro de los valores fundamentales de las sociedades anglo-europeas
es el hedonismo. El hedonismo es la filosofía que busca
el placer como el fin de la vida. Nuestra cultura exalta la
búsqueda del placer. Hoy día, las personas que
sienten deseos de cometer delitos sexuales pueden encontrar
todo tipo de pornografía, accesible por medio de publicaciones,
vídeos, y páginas matrices en el Internet. Lo
que es más, pueden contactar de manera anónima
a otras personas con intereses similares, intercambiando material
pornográfico y estrategias para llevar a cabo sus delitos.
- Relativismo:
Quizás el mayor problema que enfrenta nuestra
sociedad sea el relativismo. La mayor parte de la gente piensa
que el bien y el mal no existen. Hoy día se piensa que
todo es relativo. Se piensa que cada persona debe buscar su
propio «bienestar», aunque esa persona considere
«bueno» algo que el resto de la sociedad considere
malo. Basta notar cómo los programas de entrevistas de
televisión (en inglés, «talk shows»)
tratan a los participantes que exhiben conductas disfuncionales.
Por lo regular, al final de estos programas alguien dice: «Yo
creo que usted está haciendo algo equivocado. Personalmente,
yo no me comportaría de esa manera. Sin embargo, si usted
es feliz y no le hace mal a nadie, continúe haciéndolo.»
2.
La teología del «sanador herido»: Durante
la década del 1980 se puso de moda una teología
sobre el ministerio cristiano llamada «el sanador herido»
(en inglés, «the wounded healer»). La misma
afirmaba que Dios llama al ministerio a personas que han sido
«heridas» por la vida. Es decir, esta teología
afirmaba que los ministros todavía están en el proceso
de sanar sus propias heridas mientras ayudan a otros a sanar.
El problema con esta teología es que ha sido malinterpretada.
Algunas personas la han usado como excusa para no buscar ayuda
para sus problemas psicológicos, emocionales, o sexuales.
Muchos ministros que abusan sexualmente de sus feligreses usan
esta teología para justificar su permanencia en el ministerio.
3. La
sexualización de la niñez: La imagen de
la niñez esta cambiando en nuestra sociedad. Los niños
y las niñas se presentan como «adultos pequeños».
Las niñas se presentan como «mujercitas sexy».
Basta ver la televisión por un rato para ver niñas
vestidas y maquilladas como adultas, bailando sexualmente para
imitar a su artista favorita o hasta simulando tener relaciones
sexuales. Basta recordar los programas de televisión donde
se presentan estudiantes de escuela superior o preparatoria en
situaciones sexuales, tales como la novela La Baby Sister, y la
serie Dawson Creek. Muchas películas de cine también
presentan niñas menores de 16 años en situaciones
sexuales. Ese es el caso de Natalie Portman en The Profesional,
Kristen Dunst en Interview with the Vampire, y de Cristina Ricci
en The Opposite of Sex, entre muchas otras. Claro está,
ni esto ni nada justifica el abuso infantil. Sin embargo, en la
mente enferma de los abusadores, estas cosas justifican su conducta.
¡Ellos viven convencidos de que sus víctimas «disfrutan»
del abuso!
Repetimos,
estas situaciones no validan ni excusan la conducta indebida de
estos ministros. Por el contrario, agravan la situación y
demandan respuestas claras.
VI. Estrategias pastorales
En
esta sección sugerimos siete estrategias pastorales que pueden
ayudarnos a lidiar con estos graves problemas. Noten que no uso
la palabra «soluciones», ya que eso sería demasiado
ambicioso. Sólo deseamos ofrecer lineamientos pastorales
que puedan ayudarnos a lidiar con el problema.
1.
Velar y orar: En el Jardín del Getsemaní,
Jesús le dijo a sus Discípulos: «Velad y orad
para que no entréis en tentación; el espíritu
a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil»
(Mt 26:41). En un tono similar, el Apóstol Pablo advierte:
«El que piense estar firme, mire que no caiga» (1
Co 10:12). Dios llama a cada ministro y a cada creyente a examinarse
a sí mismo. Vivir en santidad es un proceso que tenemos
que afirmar todos los días.
2.
Retiros pastorales: Nuestro cuerpo ministerial debe reunirse
periódicamente para orar, estudiar las Escrituras y edificarse
mutuamente. También deben celebrarse Retiros de Familias
Pastorales donde se ministre a estos grupos. La Convención
Hispana del Noreste ha llevado a cabo varios retiros exitosos,
usando recursos con grados en consejería y psicología
pastoral. Estos han ayudado a varios ministros ha buscar y a recibir
la ayuda que tanto necesitaban.
3.
Talleres de ética ministerial: La mayor parte
de las regiones de nuestra iglesia llevan a cabo periódicamente
talleres sobre ética ministerial. En particular, estos
talleres recalcan la importancia de mantener una conducta sexual
adecuada. Aunque estos talleres se conducen en inglés,
nuestra oficina ha identificado algunos materiales en español.
Adjunto encontrarán una corta bibliografía.
4.
Cero tolerancia: No se debe tolerar el abuso sexual en
nuestras congregaciones, sea de parte de ministros o de laicos.
Los acusados de cometer estos crímenes deben ser separados
de las alegadas víctimas mientras se resuelven los casos.
Quienes se confiesen o sean encontrados culpables, deben abandonar
el ministerio.
5.
Cuidado pastoral a las víctimas: Nuestras iglesias
deben ofrecer cuidado pastoral tanto a las víctimas como
a sus familias. Este cuidado debe incluir ayuda psicológica.
De ser necesario, la congregación deberá ayudar
a la familia a pagar por los servicios psicológicos que
necesiten.
6.
Cuidado pastoral a los ofensores y a sus familias: Los
ofensores y sus familias también necesitan ayuda psicológica.
Por una parte, los ofensores tendrán que estar bajo algún
tipo de tratamiento por el resto de sus vidas. Por otra parte,
su familia necesitará ayuda para lidiar con la situación.
Si es el padre de familia quien comete esta falta, la iglesia
deberá ofrecer atención especial a los hijos y las
hijas del ofensor. Debemos recordar que los familiares de los
ofensores también son víctimas de la situación.
Una vez más, la congregación deberá ayudar
a la familia a pagar por los servicios psicológicos que
necesiten.
7.
Pólizas de seguros: Finalmente, todas nuestras
congregaciones deben estar aseguradas contra demandas por hostigamiento
o abuso sexual. Todas las compañías que aseguran
iglesias tienen pólizas que incluyen estos renglones.
VII.
Conclusión
Dios
es amor (1 Jn 4:8); pero también es fuego consumidor (Heb
12:29). La misericordia divina no cancela la justicia de Dios. Dios
nos llama a los creyentes ser responsables, particularmente a quienes
han aceptado el llamado al ministerio. Por su propio bienestar psicológico
y espiritual, los abusadores tienen que confesar sus culpas y asumir
responsabilidad, enfrentando las consecuencias de sus actos.
Si
decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros
mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros
pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados
y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, lo
hacemos a él mentiroso y su palabra no está en nosotros.
Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis.
Pero si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre, a
Jesucristo, el justo. Él es la propiciación por
nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también
por los de todo el mundo.
1
Juan 1:8-2:2
¡Quiera
Dios bendecir a su iglesia, sanándola de toda enfermedad,
limpiándola de todo pecado y consolándola en medio
de su lucha contra el mal!
En Cristo,
DR.
PABLO A. JIMÉNEZ
Pasado Pastor Nacional para Ministerios Hispanos
2000-2005
VIII.
Recursos
A.
Libros y ensayos
Adams,
Carol J. Woman-Battering. Minneapolis: Fortress Press,
1994.
Davis,
Kenneth G. «Child Abuse in the Hispanic Perspective. A Christian
Perspective.» Apuntes 12:3 (Fall 1992): 127-136.
Doran,
Constance. «Family Violence.» En Dictionary of Pastoral
Care and Counseling, Editor General, Rodney J. Hunter. Nashville:
Abingdon Press, 1990, pp. 426-129.
Ferreira,
Graciela B. La mujer maltratada: Un estudio sobre las mujeres
víctimas de la violencia doméstica. Buenos Aires:
Editorial Sudamericana, 1989.
Fortune,
Marie M. Is Nothing Sacred? The Story of a Pastor, the Women
He Sexually Abused, and the Congregation He Nearly Destroyed.
Cleveland: United Church Press, 1999.
_____.
Keeping the Faith: Guidance for Christian Women Facing Abuse.
New York: Harper San Francisco, 1987.
Laguerra
Marzán, Jesús. «Sexualidad y persona.»
En Psicología y Consejo Pastoral: Perspectivas Hispanas,
editado por Daniel S. Schipani y Pablo A. Jiménez. Decatur:
Libros AETH, 1997, pp. 69-87.
Lapsey,
James N. «Moral Dilemmas in Pastoral Care.» En Dictionary
of Pastoral Care and Counseling, Editor General, Rodney J.
Hunter. Nashville: Abingdon Press, 1990, pp.752-756.
López
Palau, Ixa. Violencia contra la mujer: Todo lo que usted debe
saber. San Juan: Ediciones Lego, 1999.
Ortega-Vélez,
Ruth E. Sobre violencia doméstica. San Juan: Ediciones
Cisco, 1998.
Patton,
John. «Sexual Issues in Pastoral Care.» En Dictionary
of Pastoral Care and Counseling, Editor General, Rodney J.
Hunter. Nashville: Abingdon Press, 1990, pp.1148-1149.
Silva
Bonilla, Ruth M. Hay amores que matan: La violencia contra las
mujeres en la vida conyugal. San Juan: Ediciones Huracán,
1990.
Taylor,
Thomas F. Seven Deadly Lawsuits: How Ministers can Avoid Litigation
and Regulation. Nashville: Abingdon Press, 1996.
B. Organizaciones
Center
for Prevention of Sexual and Domestic Violence, 2400 North
46 St, Suite 10, Seattle WA 98103. Página matriz: www.cpsdv.org.
Tel 206-634-1903 (Si desea servicio en español, pregunte
por Jean Anton)
Office
of Disciples Women, Disciples Home Missions, P.O. Box 1986,
Indianapolis, IN 46206. Toll Free Number 888-346-2631
Oficina
Pastoral Central para Ministerios Hispanos, P.O. Box 1986,
Indianapolis, IN 46206. Tel. 317-713-2584
Oficina
Pastoral Central para Ministerios Hispanos
P.O. Box 1986 - Indianapolis, IN 46206
Tel: 317-713-2584 or 317-713-2583
Fax: 317-635-3700
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