El
concepto de salvación en el
Nuevo Testamento
Por
el Rev. Dr. Lucas Torres
Pastor Nacional Interino para Ministerios Hispanos
1992-1999, agosto 2005-
Conferencia
presentada en la Sexta Asamblea Nacional Hispana y Bilingüe
Orlando, Florida 9-12 de julio de 1992
I.
Introducción
La
existencia cristiana es un modo de vivir que se configura alrededor
del Evangelio. En la vida cristiana interpretamos el significado
de nuestra existencia desde Jesucristo, el Hijo de Dios Vivo, el
Camino, la Verdad, y la Vida. El cristiano confiesa que Jesucristo
es la Verdad que se le revela en el misterio de la Fe, el Camino
por el que peregrina su Esperanza, la Vida que se difunde y se comunica
a todos por el Amor. Por la fe en Jesucristo cree haber recibido
la buena noticia de que ha sido salvado para vivir en libertad,
de que ha sido liberado del agobio de la existencia y del miedo
a la muerte. Por la esperanza considera que está aun en dolores
de parto y en camino, pues todavía se ha de cumplir plenamente
lo que ha comenzado ya en Jesucristo. Por el amor se pone manos
a la obra, para hacer la verdad algo palpable y concreto, para cumplir
toda justicia, a fin de encontrar a Dios en su prójimo. Fe,
esperanza y amor, define la existencia cristiana en este mundo.
II.
Conversión y salvación
El
contenido del mensaje de Jesús fue simple y directo:
"El
tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios se ha acercado; arrepentíos
y creed en el Evangelio."
Marcos
1:15
Lo
primero es el anuncio, el indicativo evangélico, la buena
noticia: "El Reino de Dios se ha acercado." Lo segundo
es el imperativo inaplazable:
"Convertíos."
Lo primero es la palabra; lo segundo es la respuesta que hay que
dar. Es en la gracia del Reino de Dios que viene, que se funda la
exigencia y la urgencia de la respuesta, de la conversión
movida por la fe. La conversión, por tanto, no es posible
sin la gracia de Dios ofrecida en el anuncio evangélico.
La conversión, bien entendida, es conversión hacia
el reinado de Dios que viene en Jesucristo. Es, por tanto, conversión
hacia adelante, y no se detiene en el pasado, ni siguiera para lamentarlo.
s un viaje en redondo. El hombre o mujer que se convierten, dan
la vuelta a su vida totalmente. Cambia la mente y el corazón,
las actitudes profundas y los valores. El que se convierte al Evangelio
abandona muchas cosas, sobre todo aquella auto-suficiencia y auto-justificación
que impiden abrirse a la gracia. Se despoja del viejo hombre, deja
atrás en el olvido las viejas consignas y valores ficticios
del mundo, sus prejuicios y el programa de sus intereses egoístas,
comprendiendo al fin que no hay otra ley que la Ley del Amor a Jesucristo.
Tampoco
hay otro programa más valido que seguirle en el camino. El
que se convierte emprende la aventura de otro Exodo, saliendo de
sí mismo para encontrar a Dios, y experimenta esta salida
como una liberación de su propia persona con sus múltiples
esclavitudes.
En
nuestro contexto Latinoamericano, en nuestras concepciones y lenguaje
religioso, la conversión ocupa una importancia fundamental.
La vemos y vivimos como un rompimiento radical con el pasado, inclusive
con formas religiosas obsoletas, incapaces de impartir ida. Sin
conversión no hay salvación. Pero ni la una ni la
otra son iniciativa ni obra del hombre, sino de Dios.
Nuestro
énfasis en la importancia de la conversión como un
aspecto, o si se quiere, como un evento dentro de la salvación,
va más allá de ciertas concepciones pietistas que
ponen énfasis excesivo en un acto aislado y dramático
llamado por muchos "profesión de fe", o "decisión
por Cristo". Esos actos tienen ciertamente un inmenso valor
como testimonio personal, como toma de conciencia y posición
frente al reclamo de Jesucristo, pero no deben absolutizarse. Debemos
evitar el error de impartirle a la profesión pública
de la fe la carga de imposición ética inmediata que
muchas veces se le ha dado. Ingenuamente algunos piensan, que gracias
a algún tipo de milagro, el nuevo convertido, en virtud de
su acto público de confesión, se transformará
súbitamente en una nueva persona, de comportamiento moral
intachable. Pero los actos de la experiencia nos enseñan
que no es así, pues descubrimos que la conversión
y la salvación es un proceso continuo y diario. Si no fuera
así, estaríamos desvirtuando la salvación y
la acción libre de Dios por medio del Espíritu Santo
en beneficio del convertido.
II.
Algunas nociones de salvación de salvación en el Nuevo
Testamento
Hemos
visto que nos convertimos en el Reino de Dios revelado en Jesucristo,
y al Evangelio como camino hacia ese Reino. Así comienza
nuestra salvación. El concepto de salvación tiene
muchas dimensiones y facetas. En griego clásico, la palabra
"sotería", quería decir liberación
o preservación. Un uso muy común significaba salud
corporal o garantía de seguridad.
En
La Septuaginta, que es la versión griega del Antiguo Testamento
(A.T.), y que era la versión generalmente leída en
el mundo en que advino el cristianismo, "sotería",
salvación, implicaba seguridad (Prov. 11:14 Gen. 28:21);
salvación de los enemigos (Jueces 15:18 1 Samuel 11:9).
Dos de las acepciones de salvación del A.T. se transfieren
al Nuevo Testamento: salud corporal y seguridad (Hechos 27:20, 34,
Hechos 11:7), y salvación de los enemigos (Lucas 1:69,71,
Hechos 7:25).
Otras
nociones fundamentales que hallamos en el Nuevo Testamento son las
siguientes;
1.
Salvación es "el propósito de Dios" o
"el propósito de Jesucristo". El Nuevo
Testamento (N.T.) no tiene nada que ver con un Dios airado que
tiene que ser pacificado para que pueda perdonar. en el N.T. toda
iniciativa de salvación está en Dios (1 Tes. 5:9
- "Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar
salvación por medio de Jesucristo".) (Juan 3:17 -"Porque
no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo,
sino para que el mundo sea salvo por El") Dios mismo es quien
salva y quien no desea la condenación del hombre y la mujer.
2.
La salvación puede ser rechazada. Es algo en lo
que nos debemos ocupar "con temor y con temblor" (Fil.
2:12). Tan grande y magnífica cono es, puede, no obstante,
ser puesta en descuido (Hechos 2:3). En N.T. nunca olvida cuan
riesgoso es el libre albedrío humano.
3.
El lugar de Jesús en la salvación central:
- "En
ningún otro hay salvación...... y no hay otro
nombre en el cielo y en la tierra en el cual podamos ser salvos"
(Hechos 4:12)
- Jesucristo
es ".... el autor de la salvación de ellos".
(Hebreos 2:10)
- Habiendo
sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación."(Hebreos
5:9)
4.
No obstante, Dios, que salva en Jesucristo, necesita también
instrumentos humanos para traer salvación:
-
El propósito de Pablo era "hacer salvos a algunos"
(Romanos 11:14)
- A
todos me he hecho todo, para que de todos modos salve a algunos."
(1 Corintios 9:22)
- A
Timoteo, Pablo le aconseja : "Ten cuidado de ti mismo y
de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás
a ti mismo y a los que te oyeren." (1 Timoteo 4:16)
Es
con sumo cuidado que tenemos que leer estos y muchos otros versículos
similares, porque pudieras dar la impresión de que la salvación
viene de nosotros y no de Dios. Los hombres y mujeres, en nuestra
misión apostólica, somos solo los agentes terrenales,
los ángeles que el Señor envía para mediar
en el proceso de salvación.
5.
La obra de salvación es continua: "por lo
cual puede también salvar perpetuamente a los que por El
se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos."
(Hebreos 7:25)
6.
¿De qué somos salvos?
- De
enfermedad (Mateo 9:21)
- De
peligros (Mateo 8:25, 14:30)
- De
perdición (Mateo 18:11)
- De
pecado (Mateo 1:21);
- De
ira (Romanos 5:9)
- Del
poder de la Ley (Gálatas 3:11-14, 23-29)
- Del
poder de la muerte (Romanos 8:1-2 2 Timoteo 1:10)
III.
La relación entre salvación, justificación
y liberación
Estamos
ante tres conceptos que surgen constantemente en nuestra conversación
teológica. Muchas veces se han usado intercambiablemente,
como sinónimos, sin precisar las posibles diferencias de
significado, y la dinámica de relación interior entre
ellos.
Debemos
insistir una y otra vez, que la salvación es un acto soberano
y gratuito de Dios, que no está ligado al esfuerzo perseverante
del hombre y la mujer. La intervención de Dios para salvación
no depende de que el ser humano lo anhele, lo espere, o lo suplique,
aunque estos actos pudieran ayudar a la iniciativa divina. Cuando
hablamos del misterio de salvación, tenemos por fuerza que
anclar en el principio de la soberana acción de Dios que
ama su Creación más allá de lo que podamos
imaginar o pensar, y que por tanto, actúa en favor de ella
con propósito redentor. Ese propósito o intención
salvadora no puede ser detenido, frustrado, ni desvirtuado por la
voluntad humana.
A.
Salvación y Justificación
El
concepto de justificación también se funda en la acción
libre y soberana del Dios que quiere salvar, y que en Jesucristo
es Autor Único de Salvación. Justificación
es amnistía que Dios en su gracia concede al pecador. Es
perdón y absolución. Justificación no es solo
"ser declarados justos" o "tratados como justos",
aunque no lo seamos. Justificación es "se hechos justos".
La absolución divina, la palabra de su perdón pronunciada
sobre nosotros pecadores, no es una fórmula legalista, no
es tampoco una fórmula mágica o frase ritualista,
sino Palabra de Dios que opera y crea vida. Justificación
es ser hechos justos por Dios. A los Discípulos asombrados,
que preguntaban "¿Y quien podrá salvarse?",
Jesús les respondió: "Lo que a los hombres parece
imposible, a Dios le es posible".
Dios
en Jesucristo salva y justifica. (Ver Romanos 4:25 y 5:18.) Una
interpretación correcta de la justificación debe hacer
justicia a la doctrina Neotestamentaria de la gracia de Dios. Los
líderes de la Reforma reaccionaron contra la falsa doctrina
de la salvación por méritos o por obras. La justificación
es la provisión gratuita de Dios para un nuevo estado y una
nueva vida. La justificación es una especie de "enderezamiento"
o poner derecho al hombre y la mujer en relación a la voluntad
de Dios. Lo que en Romanos 1:17 se lee como : "El justo por
la fe vivirá" pudiera parafrasearse como: "Aquel
que por la fe es llevado a la conformidad con la voluntad de Dios,
ese vivirá."
En
suma, la idea fundamental detrás del concepto de justificación
es la de "ser hechos justos por Dios", porque el hombre
no puede justificarse ni salvarse a sí mismo. Cuando leemos
a 1 Corintios 6:11 nos hallamos frente a una afirmación categórica:
"Ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados,
ya habéis sido justificados.
En
la teología de Pablo, el ser humano deja de serlo porque
deja de ser libre. Su capacidad de decidir le fue usurpado por la
Ley. Vive cautivo del pecado y del temor a la muerte. Ante la realidad
aplastante del imperio de la muerte con su lógica destructiva,
el hombre y la mujer solo pueden encontrar salida en la lógica
de vida en Jesucristo. El esclavo del mundo y de la vida,el sujeto
aprisionado de la Ley que mata, la víctima de los poderes
de este siglo, el excluido y marginado por las sociedades e instituciones
opresoras y explotadoras, solo podrá recuperar su capacidad
de discernir la verdad de Dios, de sí mismo, y de los demás,
por el acto de la gracia del Dios que salva en Jesucristo,que trae
liberaciones concretas en los caminos de la historia, y que coloca
al ser humano en la relación real y correcta con la realidad
última de la existencia.
B.
Salvación y liberación.
Leonardo
Boff, el teólogo católico Brasileño, se plantea
al asunto de la relación entre salvación y liberación
del modo siguiente:
"Por
salvación entendemos aquella situación humana y
cósmica totalmente liberada de la amenaza a la vida, y
que realiza el designio de Dios sobre su creación. Por
lo tanto, el concepto de salvación incluye el momento escatológico,
trans-histórico, y último de la realidad."
A modo
de explicación añade que la salvación es trascendente
y escatológica, es decir, se cumple más allá
de esta vida,pero ciertamente su comienzo es en esta. La salvación
es trascendente e histórica a un tiempo. La liberación,
o más bien, las liberaciones del hombre, pertenecen a la
historia. Pero hay una identificación absoluta entre ambas.
Hay liberaciones históricas - políticas, sociales,
religiosas, económicas - que no merecen tal nombre, pues
lo que hacen es perpetuar las opresiones, o simplemente hacer que
cambien los protagonistas de la explotación, manteniendo
intactas las estructuras opresoras. Pero dondequiera se verifica
una verdadera liberación humana, con fundamento en auténticos
valores éticos, allí se comunica salvación.
La salvación definitiva se anticipa, se plasma y se concreta
en las liberaciones necesarias en esta vida, pero no se reduce a
ellas , pues está siempre abierta a una plenitud no alcanzada
en la historia. Dicho de un modo más simple, la salvación
comienza y se realiza en esta vida, y se cumple en la eternidad.
Pero esta salvación tan grande e indescriptible , no puede
ignorar el lugar que tienen las liberaciones humanas en el plan
divino, pues son estas instrumentos del favor y el beneplácito
de Dios para impartir y añadir vida a la humanidad. Concluye
el teólogo antes citado:
"Las
liberaciones a su vez se abren a otras liberaciones cada vez más
integrales, hasta llegar a la expresión suprema, que es
la perfecta libertad de los hijos de Dios...."
Por
otro lado, Walter Altmann, planteándose también la
propiedad de utilizar el término liberación en conexión
con el concepto cristiano de salvación, ha expresado lo siguiente:
"En
un contexto de dominación y dependencia como el nuestro,
se impone con razón el término "liberación".
Es perfectamente adecuado para expresar la "integridad"
de la salvación y su característica de proceso.
Es simultáneamente relevante en su dimensión personal
e histórica. Finalmente, expresa adecuadamente la dialéctica
bíblica de ser libre de (una esclavitud), y libre para
(un compromiso ético)".
En
suma, la salvación seda como liberación en todas las
áreas múltiples y complejas en que la humanidad y
el individuo viven en cautiverio. Salvación y liberación
no son idénticos, pero sin liberación histórica
la salvación trascendente no tiene significado real. La encarnación
del Verbo Eterno en le hombre Jesús de Nazareth, el Espíritu
Divino asumiendo forma mortal, y por medio de ello, atando el lazo
inquebrantable de lo divino y lo humano, es el lugar donde la salvación
eterna adopta su faz terrena. Negar que las liberaciones de la historia
- políticas, sociales, religiosas y económicas - tengan
que ver con la salvación, sería también negar
la validez de la encarnación.
Desde
esta perspectiva, las luchas cívicas y sociales que se libran
en nuestras comunidades minoritarias, combatiendo la marginalización
y la insignificancia, la explotación y el despojo, y en suma,
todos lo poderes del reino de la muerte, deberá darse en
el mismo plano, y con la misma consagración y compromiso
conque "nos ocupamos en nuestra salvación con temor
y temblor". La Iglesia Hispana debe verse a si misma como agente
de salvación y redención en nuestras comunidades repartidas
a lo largo y lo ancho de esta nación. Debemos aceptar el
reto, a veces violento, que nos plantea nuestro contorno social
hispano, con su deterioro y descomposición,con su falta de
unidad y guía, con su enorme carga de frustración
y desaliento, debemos aceptar el reto como un llamado de arriba,
para blandir nuestra proclama como un arma de combate, pronunciando
palabras de denuncia, nombrando los ídolos y los males que
engendran, anunciando salud y esperanza, abriendo puertas, rompiendo
ataduras, derribando muros, construyendo, allegando los materiales
con que edificar el presente y el futuro, huyendo de la piedad falsa
y fingida, proclamando y viviendo la fe profética de amor
y justicia que se anunció en los albores de la conciencia
del Pueblo de Dios, y que se cumplió en Jesucristo.
IV.
Jesucristo nuestro salvador
La
expresión "Jesucristo nuestro Salvador" no se deriva
del A.T., pues en este nunca se llama "salvador (soter) al
Mesías. Ni siquiera él mismo se denomina Salvador.
No obstante, en su nacimiento Jesús es llamado Salvador,
Mesías, y Señor, a través de la proclama del
ángel de Dios (Lucas 2:10). También en Hechos 5:31
y 13:23 Cristo es presentado como Salvador de Israel. En las más
antiguas cartas Paulinas el vocablo aparece solo dos veces: Filipenses
3:20 y Efesios 5:23. En las cartas pastorales abunda más
la expresión. Fue en realidad en las comunidades griegas
o helenísticas en que la designación de Salvador se
usó más extensamente, de ese modo podían los
griegos cristianos entender lo que para los judíos era el
Mesías. En Juan 4:42, en la Confesión de los Samaritanos,
Jesús es llamado "Salvador del mundo" Hallamos
idéntica expresión en 1 Juan 4:14 - "Nosotros
vimos y testificamos que el Padre envió a su Hijo como Salvador
del mundo".
Jesucristo
es el Salvador, porque él fue quien asumió toda la
carga del pecado, temores y contradicciones de la humanidad, porque
él fue quien murió rompiendo las cadenas que aprisionaban
al hombre y la mujer, y mediante su Resurrección alcanzar
victoria sobre las fuerzas del mal. Por medio de este evento, personal
y cósmico, él nos confirió la posibilidad y
la capacidad de una nueva comprensión de la existencia, y
más aun, de una vida en comunión con Dios.
- Jesucristo
es Salvador: "porque fue aquel ser a quien Dios
le concedió poder abrirse de tal modo al Absoluto, que
pudo identificarse plenamente con El. Estaba abierto a todo y
a todos. No tenía pecado, es decir, no se reconcentraba
en sí mismo".
- Jesús
es el primer hombre realmente libre, es el primer hombre sin ataduras,
sin cadenas de esclavitud. El
es el Segundo Adán, quien vino a cumplir todas las posibilidades
del ser hombre y mujer, perdidas y anuladas por el pecado. Solo
él,por la fuerza del Espíritu, pudo cumplir el orden
divino para la naturaleza humana. Y se levanta frente a nosotros
como la posibilidad de lo que podemos llegar a ser.
- Jesucristo
es Salvador nuestro en la medida en que participamos de su vida
y realizamos la apertura total que el hizo posible para todos.
Estamos entonces en el borde abismal de nuestro gran
planteamiento: ¿En que consiste la salvación humana?
En que el hombre y la mujer lleguen a ser como el Creador quiso
que fueran en el diseño original de la existencia.
Nuestro
drama histórico por excelencia - más bien nuestra
tragedia - consiste en habernos cerrado en nosotros mismos y en
vivir en una condición humana de creciente deterioro y decadencia
espiritual y moral. Ser salvos es alcanzar la verdadera identidad,
y descubrir nuestra verdadera vocación. Apercibirnos de aquello
que nos fue revelado en Jesucristo: quiénes somos y para
qué estamos aquí. Nuestra identidad es ser hijos de
Dios; nuestra vocación es participar con El en añadir
vida y preservar la creación.
Cristo
el Salvador nos convoca a realizar lo que él realizó,
desde su vida. desde su muerte y desde su Resurrección.
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