El
Bautismo en la Iglesia Cristiana
(Discípulos de Cristo)
por
Rev. Dr. Pablo A. Jiménez
Introducción
La
Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) tiene varias prácticas
características que la distinguen de otras confesiones cristianas.
La más importante es la celebración de la Cena del
Señor todos los domingos, práctica que nos hermana
con la Iglesia Católica, la Ortodoxa, la Episcopal o Anglicana
y la Luterana. La segunda en importancia es el bautismo de creyentes
por inmersión, práctica que nos hermana con la tradición
Bautista, la Anabaptista o Menonita, las Iglesias libres y el movimiento
Pentecostal.
En
este corto ensayo examinaremos la teología, la historia y
la práctica del Bautismo en el movimiento Discípulos.
Comenzaremos explorando lo que la tradición bíblica
enseña sobre esta importante práctica. Pasaremos a
considerar la posición reformada sobre el bautismo, dado
que nuestra denominación surge de la tradición presbiteriana.
Terminaremos examinando la teología y la práctica
Discípulos sobre el asunto. Queda claro que éste es
un ensayo introductorio al tema. Las personas que deseen más
información sobre el mismo podrán consultar los recursos
enumerados en las notas al calce.
El
bautismo en la tradición bíblica
En
todas las culturas del mundo, el agua es un símbolo de limpieza
y de purificación. Esto se debe a que el agua es el mejor
solvente conocido por la humanidad. Se estima que aproximadamente
el 80% de todas las substancias que existen en el mundo se disuelven
en agua.
El
Antiguo Testamento usa el agua como un símbolo de purificación.
Los israelitas acostumbraban sumergirse en agua para purificarse
ritualmente. Por ejemplo, en el libro de Levítico encontramos
la siguiente instrucción para personas leprosas que se sanan
y son declaradas limpias
El
que se purifica lavará sus vestidos, afeitará todo
su pelo y se lavará con agua, y quedará limpio.
Después entrará en el campamento, pero permanecerá
fuera de su tienda siete días. Al séptimo día
se afeitará todo el pelo de su cabeza, la barba, las cejas
de sus ojos, o sea, todo su pelo; se bañará su cuerpo
en agua, y quedará limpio.
Levítico
14:8-9
Levítico
también prescribe estos baños rituales para eliminar
impurezas sexuales (Lv 15:10-13). En la época post-exílica,
muchas personas judías adoptaron el griego como su idioma
principal. Dado que la mayoría de estas personas no hablaban
hebreo, el liderazgo judío de la dispersión tradujo
las Escrituras cerca del año 250 ac. El nombre de dicha traducción
es la Septuaginta (abreviada como LXX). La LXX usa el verbo griego
"bapto" para traducir la palabra hebrea "tabal",
que quiere decir "sumergir". El verbo "baptizo"-una
forma intensiva de "bapto"-se usa poco en la LXX. Sin
embargo, el mismo aparece en un pasaje clave, el relato de la curación
de Naamán el Sirio (2 R 5:14). En este pasaje, Dios sana
a Naamán después que el general sirio se sumerge siete
veces en las aguas del río Jordán. Este relato es
un antecedente directo de la práctica del bautismo cristiano.
En
los tiempos de Jesús había tres movimientos judíos
que practicaban baños rituales. El judaísmo rabínico-que
incluía al movimiento fariseo-requería el bautismo
de "prosélitos", es decir, de las personas extranjeras
que se convertían a la fe de Israel. En su ceremonia de iniciación,
cada "prosélito" debía hacer tres cosas:
bautizarse, circuncidarse y ofrecer un sacrificio a Dios. Un dato
importante es que la mayor parte de las personas extranjeras que
abrazaron la fe judía durante el primer siglo eran mujeres.
Para éstas, que por definición no podían circuncidarse,
el bautismo se convirtió en la principal ceremonia de iniciación
al judaísmo.
Los
fariseos también celebraban un baño ritual cada sábado.
Este baño terminaba con la inmersión del creyente
en un tipo de bañera llamada "mikve", que recogía
agua de lluvia por medio de un complicado sistema de canaletas.
Esta práctica sobrevive en el judaísmo ortodoxo contemporáneo.
Los
esenios, cuya secta tenía un monasterio en Qumrán
cerca del Mar Muerto, también celebraban baños rituales.
El documento conocido como el Manual de la disciplina o Las reglas
de la comunidad (abreviado con las siglas 1 QS) hace alusión
a la "fuente de los perfectos" (1 QS III:4), donde "la
carne será purificada al ser aspergida por el agua lustral
y santificada por las aguas de la purificación" (1 QS
III:9). Este era un bautismo de arrepentimiento dónde "solamente
serán purificados los que se conviertan de su maldad"
(1 QS V:13b-14ª). El Documento de Damasco (CD) aclara que estos
baños requerían la inmersión del creyente:
En
lo concerniente a la purificación del agua, que nadie tome
baño con agua poluta ni con cantidad inferior a la que
es necesaria para sumergirse; que nadie se purifique con el agua
de un vaso, ni con el agua que haya quedado en la cavidad de una
piedra si en ella no hay agua suficiente para la inmersión.
CD
X:10b-13a
Juan
el Bautista fue el líder del tercer movimiento judío
que practicaba baños rituales. No sabemos hasta qué
punto el bautismo de Juan fue influenciado por las prácticas
rabínicas, fariseas y esenias. Lo cierto es que predicó
y practicó la inmersión en agua como señal
de arrepentimiento y reconciliación con Dios. Juan representó
un problema tanto para las autoridades judías como para las
romanas. El bautismo era ofensivo para los rabinos y escribas fariseos,
que sólo requerían el bautismo de las personas extranjeras.
Al colocar a los judíos en el mismo plano que los extranjeros,
Juan afirmaba que el pueblo de Dios estaba totalmente contaminado.
Si
bien Juan representaba un problema religioso para el liderazgo judío,
representaba un problema político para las autoridades romanas.
Juan bautizaba en el desierto, lugar que evocaba la peregrinación
del pueblo de Israel después de ser liberados de la esclavitud
en Egipto. Evocaba, además, el cruce del Mar Rojo (o Mar
de las Cañas) bajo el liderazgo de Moisés (Ex 14 y
15) y el cruce del Río Jordán bajo el liderazgo de
Josué (Jos 3 y 4). Para colmo, evocaba la derrota de Naamán
y el ejército sirio (2 R 5).
Los
Evangelios afirman que Jesús "fue bautizado por Juan
en el desierto" (Mc 1:9b). También indican que el movimiento
de Jesús adoptó el bautismo de arrepentimiento (Jn
4:1-2). Tanto Juan como Jesús fueron perseguidos, apresados
y asesinados por las fuerzas coloniales de seguridad, quienes veían
el bautismo como una práctica subversiva.
Como
sabemos, Jesús de Nazaret fue asesinado por el gobierno militar
romano. Sin embargo, el movimiento que surgió durante su
ministerio terrenal entendió que Jesús había
resucitado de entre los muertos y había sido declarado por
Dios como "Señor y Cristo" (Hch 2:36b). A partir
de este momento, los nuevos creyentes que se unían al movimiento
de Jesús eran bautizados. El libro de los Hechos de los Apóstoles
pone la siguiente exhortación en labios del Apóstol
Pedro:
Arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el
nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis
la promesa del Espíritu Santo. Hechos 2:38
Las
epístolas de Pablo presentan una visión más
compleja del bautismo. Tanto Romanos 6 como Colosenses 2:12 comparan
el bautismo con la muerte y la resurrección de Jesús.
Ser sumergido en agua es equivalente a morir con Jesús; salir
es comparable a resucitar con Cristo:
¿O
no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo
Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?, porque somos
sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo,
a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la
gloria del Padre, así también nosotros andemos en
vida nueva.
Romanos
6:3-4
Otro
punto importante de la enseñanza paulina sobre el bautismo
es su carácter inclusivo. Pablo está consciente que-a
diferencia de la circuncisión-el ritual del bautismo incluye
a las mujeres en la familia de fe. Nótese que la declaración
más radical que hace el Apóstol sobre las relaciones
entre personas de distintos géneros, culturas y grupos étnicos
ocurre en el contexto de una enseñanza bautismal.
Porque
todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, pues
todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo
estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego, ni
esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, porque todos vosotros sois
uno en Cristo.
Gálatas
3:26-28
La
iglesia también entendió que la persona bautizada
pasaba de las tinieblas de la ignorancia a la luz de Cristo. Por
esta razón, la epístola a los Hebreos usa el verbo
"iluminar" para referirse al bautismo (Heb 6:4 y 10:32).
Esto sugiere que otras porciones del Nuevo Testamento que contrastan
las tinieblas y la luz pueden ser documentos bautismales. Es decir,
que fueron usados para instruir candidatos al bautismo o como parte
de la ceremonia bautismal (véase Ef 5:7-14 y 1 P 2:1-10).
Finalmente,
la iglesia adoptó "el bautismo en el nombre del Padre,
del Hijo y del Espíritu Santo" (Mt 28:19b). Como vimos
en la cita de Hechos 2:38, al principio la iglesia bautizaba "en
el nombre de Jesús". Probablemente, esto sólo
quería decir que la persona pasaba a formar parte del movimiento
cristiano. Con el tiempo, actuar en el nombre de Jesús vino
a ser sinónimo de actuar en el poder y con la autoridad de
Cristo. Por lo tanto, bautizar sólo "en el nombre de
Jesús" vino a ser inadecuado, pues dejaba a la persona
fuera de la esfera de poder del Dios Padre y del Espíritu
Santo. Esto explica por qué la iglesia adoptó el bautismo
en el nombre del Dios trino, tal como lo encontramos en Mateo 28.
Nótese
que el Nuevo Testamento no describe las ceremonias bautismales.
La primera descripción detallada del rito bautismal se encuentra
en un antiguo documento cristiano llamado La instrucción
o doctrina de los Doce Apóstoles, conocido también
como La "Didajé" (palabra griega que quiere decir
"instrucción"). Este documento afirma que el bautismo
debe hacerse en el nombre del Dios trino (7.1). Con respecto a la
forma o manera del bautismo, sugiere que lo mejor es bautizar por
inmersión en agua "viva", es decir, agua que corre
en el mar, en un lago o en un río (7.2a). Sin embargo, afirma
que también se puede bautizar derramando agua sobre la cabeza
del creyente (7.2b-3). Esto nos enseña que la iglesia primitiva
no tenía una práctica bautismal determinada, sino
que en las primeras comunidades cristianas algunas personas eran
bautizadas por inmersión, otras por afusión (echando
agua sobre la cabeza del bautizando) y aún otras por aspersión
(rociando agua sobre la cabeza del creyente). La Didajé también
requiere que tanto los bautizandos como el ministro ayunen por uno
o dos días antes de la ceremonia (7.4). Por otros documentos
antiguos sabemos que el día preferido para celebrar bautismos
era el Domingo de Resurrección. Los candidatos participaban
en una vigilia que comenzaba el Sábado de Gloria y terminaba
con el bautismo temprano en la mañana del domingo. Por esta
razón, el servicio que celebran algunas confesiones cristianas
al atardecer del Sábado de Gloria se llama la "Vigilia
Pascual".
El
bautismo en la tradición reformada
Es
evidente que la mayor parte de las personas bautizadas en la era
apostólica eran adultas. También queda claro que el
bautismo implicaba la inmersión del creyente. Sin embargo,
también queda claro que en la iglesia primitiva coexistían
prácticas bautismales contradictorias. Por ejemplo, mientras
algunos bautizaban a sus niños, otros lo posponían
hasta estar en el lecho de muerte (de esta manera no pecaban después
del bautismo). Con el tiempo, el bautismo infantil por aspersión
se convirtió en la práctica habitual de la iglesia.
Los
movimientos que surgieron durante la Reforma Protestante adoptaron
dos posiciones contradictorias ante el bautismo. Por un lado, los
Luteranos, Presbiterianos y Anglicanos continuaron bautizando infantes.
Por otro lado, las iglesias de la Reforma Radical afirmaron que
el bautismo Católico no era válido, dado que era sancionado
por una institución corrupta. Por esta razón, estas
iglesias fueron denominadas como "anabaptistas" (la palabra
"aná" viene de una preposición griega que
quiere decir "de nuevo"). Curiosamente, en algunas confesiones
anabaptistas-como la Iglesia Menonita-los creyentes pueden pedir
ser bautizados por inmersión, afusión o aspersión.
Juan
Calvino, el caudillo del movimiento presbiteriano o reformado, entendía
el bautismo en relación con la circuncisión. Si bien
la circuncisión había sido la señal del pacto
que Dios estableció con Israel por medio de Moisés,
ahora el bautismo es la señal del nuevo pacto que Dios ha
establecido con toda la humanidad por medio del sacrificio de Jesucristo.
Esta interpretación, basada en su exégesis de Romanos
4.1-25, le convenció de la validez del bautismo infantil.
El
bautismo en el movimiento Discípulos
La
Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) es el resultado
de la unión de dos movimientos que intentaron reformar la
iglesia en los Estados Unidos. Los fundadores del movimiento "Discípulos"
fueron Tomás y Alejandro Campbell. Este equipo de padre e
hijo emigraron de Escocia a los Estados Unidos, fundando el movimiento
de reforma después de separarse de la Iglesia Presbiteriana
Escocesa. Alejandro, quien fue el principal teólogo del movimiento,
estaba influenciado por la filosofía racionalista que caracterizó
la Ilustración en Gran Bretaña. Por medio de sus estudios
del Nuevo Testamento llegó a la conclusión de que
el bautismo de creyentes para arrepentimiento era la práctica
"bíblica" que la iglesia debía seguir. Alejandro
veía el bautismo infantil como una práctica ilógica-dado
que el infante no tiene de qué arrepentirse-que era explotada
por las iglesias estatales.
El
movimiento Discípulos se unió al movimiento de reforma
dirigido por Barton Stone. Éste comenzó su ministerio
como pastor presbiteriano. Sin embargo, pronto comenzó a
celebrar campañas de avivamiento en su iglesia. Estas "campañas"
eran verdaderas ferias cristianas que duraban varios días
y atraían ministros de distintos movimientos. Fue precisamente
el contacto con estos ministros lo que llevó a Stone a romper
con la iglesia presbiteriana para comenzar un movimiento de reforma
cristiana. Las congregaciones que se unieron a este movimiento fueron
llamadas "Iglesias Cristianas" o "Iglesias de Cristo".
La
denominación que surgió de la unión de estos
movimientos carecía de una confesión de fe y de un
manual para regular la adoración. Por esta razón,
los "Discípulos" desarrollaron diversas teologías
y prácticas sobre el bautismo. El problema teológico
más importante que enfrentó la denominación
era la validez del bautismo infantil. Este asunto era tan divisivo,
que llegó a separar a Tomás Campbell de su hijo Alejandro.
Tomás aceptaba como miembros de la iglesia a personas que
habían sido bautizadas en la infancia. Sin embargo, Alejandro-quizás
influenciado por sus contactos con Iglesias Bautistas-no reconocía
como válido el bautismo infantil al comienzo de su ministerio.
Con el tiempo, adoptó a una posición similar a la
de su padre.
Este
breve esbozo histórico explica los orígenes de la
práctica bautismal Discípulos de Cristo.
- Nuestra
iglesia entiende que el bautismo es una de las dos ordenanzas
o sacramentos que Jesús legó a la iglesia. Al principio,
el movimiento Discípulos usó el término "ordenanza"
en lugar de la palabra "sacramento". Los fundadores
de nuestra denominación entendían el bautismo y
la Cena del Señor eran actos simbólicos que la iglesia
celebraba en obediencia a Cristo. No obstante, en las pasadas
décadas la teología Discípulos ha rescatado
el término "sacramento", entendido como un acto
simbólico por medio del cual la iglesia establece y afirma
un pacto con Dios.
- Nuestra
iglesia practica el bautismo de creyentes, es decir, bautiza a
personas con edad suficiente para hacer profesión de fe
y pedir descender a las aguas. Esto incluye a niños y niñas
con capacidad suficiente para entender el mensaje del evangelio.
La edad mínima-que oscila entre los nueve y los trece años--varía
de congregación en congregación.
- Nuestra
iglesia practica el bautismo por inmersión, entendiendo
que ésta es la práctica bíblica por excelencia.
Sin embargo, algunas congregaciones bautizan por afusión
o por aspersión a personas enfermas o impedidas cuyas limitaciones
físicas le impiden sumergirse.
- Nuestra
iglesia considera válido el bautismo celebrado por otras
confesiones cristianas. Esto quiere decir que una persona que
fue bautizada en una iglesia local de otra denominación
debe ser aceptada por traslado como miembro de una congregación
Discípulos. Esto incluye a las personas que han sido bautizadas
en la niñez. Sin embargo, es común que algunas personas
pidan volver a ser bautizadas, argumentando que no recuerdan o
no consideran válido su bautismo infantil.
Debemos
reconocer que algunas congregaciones Discípulos no reconocen
como válido el bautismo infantil o el bautismo celebrado
por ciertas confesiones cristianas. En la práctica, estas
congregaciones requieren que algunos miembros vuelvan a bautizarse.
El liderazgo de estas congregaciones olvida que-si bien el bautismo
de creyentes afirma la importancia de responder con fe al llamado
de Dios-el bautismo infantil afirma la importancia de la gracia
de Dios que viene a nosotros aún cuando no la deseamos y
no la merecemos.
Conclusión
Terminamos
afirmando siete puntos sobre el significado del bautismo cristiano.
1.
El bautismo nos permite participar del misterio de Dios. Efesios
3:6 define dicho misterio, afirmando que los creyentes somos "coherederos,
y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa
en Cristo Jesús por medio del evangelio". Es decir,
el bautismo es un símbolo de nueva vida en Cristo, que
representa la unión mística con Jesucristo. El bautismo,
pues, es la puerta al discipulado cristiano.
2.
El bautismo es un memorial efectivo de las enseñanzas de
Jesús. Más que recordar, la persona bautizada vive
el drama evangélico en su propia carne. Muere y resucita
con el salvador. Por medio del bautismo, el creyente participa
en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.
3.
El bautismo en agua está íntimamente relacionado
con el bautismo con el Espíritu Santo. Como vimos en la
sección bíblica, tanto Juan el Bautista como el
Apóstol Pedro asocian el descender a las aguas bautismales
con recibir el Espíritu Santo. El bautismo marca el comienzo
de una vida renovada en el poder del Espíritu.
4.
El bautismo tiene un claro carácter trinitario. Cuando
una persona es bautizada en el nombre del Dios Padre, Dios Hijo
y Dios Espíritu Santo, dicha persona es adoptada como parte
de la familia de Dios. Lo que es más, dicha persona se
inserta en la historia de Dios. En este sentido, podemos afirmar
que el bautismo es el comienzo de la vida eterna comunión
con Dios.
5.
El bautismo representa un compromiso con el Reino de Dios. La
persona que se bautiza renuncia al pecado, a la práctica
del mal y al dominio de Satanás. El bautismo implica un
compromiso con las fuerzas del bien y de la vida. Un compromiso
que nos exige la solidaridad con las personas que sufren, víctimas
de los ataques de las fuerzas del mal y de la muerte.
6.
El bautismo representa la integración del creyente a una
comunidad de fe, a saber, la iglesia de Jesucristo. Por lo tanto,
no debe ser visto como un ritual que sólo beneficia espiritualmente
a la persona bautizada. El bautismo es una bendición para
toda la comunidad cristiana. En cierto sentido, toda la comunidad
de fe renueva su compromiso son Cristo cada vez que se celebra
un servicio de bautismos. Del mismo modo, el bautismo nos hermana
con todas aquellas personas que han confesado la fe cristiana
a lo largo de la historia, en todo tiempo y en todo lugar.
7.
El bautismo representa un pacto entre Dios, la persona bautizada,
la comunidad cristiana y el mundo en general. Al aceptar el bautismo,
el creyente acepta las responsabilidades que implica el pacto
bautismal. De cierto modo, el bautismo implica un cambio de lealtades.
Si antes vivíamos para nosotros mismos, ahora debemos vivir
para servir a Dios y a los demás. Si antes estábamos
dispuestos a dar la vida por nuestro país, ahora debemos
estar dispuestos a darla por el evangelio de Jesucristo. Por lo
tanto, afirmamos que el bautismo coloca sobre el creyente una
pesada responsabilidad ética y moral sobre el creyente.
La persona que se bautiza acepta el desafío de vivir a
la altura del llamamiento de Dios.
En
resumen, la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo) afirma
y enseña que el bautismo es un "sacramento" o acto
simbólico por medio del cual Dios establece un pacto con
la humanidad. ¡Quiera Dios ayudarnos a vivir a la altura de
las exigencias que implica nuestro pacto bautismal!
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