La
Cena del Señor en
la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo)
Por
Rev. Dr. Pablo A. Jiménez
Bosquejo
I.
Introducción
II.
Consideraciones bíblicas
III.
El pensamiento de Alejandro Campbell
IV.
La Cena del Señor en el pensamiento Discípulos de
Cristo
V.
Conclusión
I.
Introducción
La
Cena del Señor es el evento central de la adoración
comunitaria en la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo.)
En este ensayo exploraré el tema de la Cena del Señor
desde tres perspectivas. Primero, presentaré algunas consideraciones
bíblicas. Segundo, estudiaré el concepto de la Cena
del Señor en el pensamiento de Alejandro Campbell, uno de
los principales fundadores de nuestra denominación. Tercero,
exploraré el pensamiento teológico contemporáneo
de los Discípulos de Cristo sobre el tema. En general, afirmaré
que la Cena del Señor es un memorial efectivo por medio del
cual el creyente se solidariza con el Señor, con la comunidad
de fe y con toda la humanidad.
II.
Consideraciones bíblicas
En
el Nuevo Testamento encontramos cuatro vocablos relacionados al
concepto de la Cena del Señor. Estos son; a saber, amor fraternal
(en griego, "agápe"), la mesa del Señor
(en griego, "trápeza kuríou"), la pascua
(en griego, "páscha") y la Cena del Señor
(en griego, "kuriakón déipnon".)
El
concepto "agápe" o "amor fraternal" se
convirtió en un término técnico para referirse
a la fiesta de cristiana que se desarrolló basada en la costumbre
de compartir una cena común semanalmente. Poco a poco el
evento de la mesa comunitaria fue adquiriendo un sentido social.
En griego, el amor fraternal implica respeto y simpatía entre
personas que se consideran iguales. De este modo, la fiesta del
amor fraternal cristiano se deriva de la idea que todos somos igualmente
indignos de la misericordia de Dios. En segundo lugar, encontramos
una alusión a la "trápeza kuríou"
o "mesa del Señor" en I Corintios 10:21b. Aquí
encontramos que el concepto no se refiere sólo a la comunidad
de la mesa sino que, en una forma más profunda, se refiere
al compañerismo en el servicio y la adoración.
En
tercer lugar, encontramos el concepto de que Cristo es nuestra "pascua"
en I Corintios 5:7, idea que se repite en I Pedro 1:19 y Juan 1:29-36.
La repetición de esta idea en los escritos de Pablo, Pedro
y Juan sugiere que esta era común en los tiempos del Nuevo
Testamento. Esto indica que el concepto de la muerte de Jesús
como un sacrificio por los pecados puede remontarse al mismo Jesús
puesto que las palabras "carne y sangre" son términos
sacrificiales. En este sentido, es posible que Jesús se hubiera
comparado a sí mismo con el cordero pascual.
Finalmente,
encontramos que la palabra "déipnon" o "cena"
adquiere sentido teológico cuando es usada en I Corintios
11.20 como "la Cena del Señor" (en griego, "kuriakón
déipnon"). La Iglesia primitiva entendía que
el compartir la mesa era un mandato divino y que este era profanado
por aquellos que querían tomar su propia "cena"
sin tomar en cuenta al resto de los creyentes (I Co. 11.21.) De
acuerdo al testimonio del Apóstol Pablo, la celebración
fue instituida por Jesús en "la noche que fue traicionado"
(I Co. 11.23b) "después de haber cenado" (I Co.
11.25a) lo que hoy llamamos "La Última Cena".
Como
hemos visto, la iglesia primitiva entendía que la Cena del
Señor era un evento comunitario, lleno de significado teológico.
Por medio de la cena, los y las creyentes testificaban su amor fraternal,
su adoración comunitaria y su comunión con el Cristo
Resucitado. Además, veían el acto como una reinterpretación
de las tradiciones judías a la luz de un nuevo sacrificio:
la muerte de Jesús de Nazaret en beneficio de toda la humanidad.
III.
El pensamiento de Alejandro Campbell
Para
estudiar el desarrollo del concepto de la Cena del Señor
en la teología de nuestra Iglesia, es necesario explorar
el pensamiento de Alejandro Campbell. Este no sólo fue uno
de los fundadores de nuestra denominación, sino también
su principal teológo. Entendemos que tres elementos influyeron
sobre su concepto de la Cena del Señor: la situación
histórica en la cual vivieron Tomás y Alejandro Campbell;
las presuposiciones filosóficas de Alejandro; y su manera
de interpretar las escrituras.
Como
ha pasado a través de los siglos, los cambios en las situaciones
históricas llevan a reinterpretar aquellos conceptos teológicos
que dejan de tener urgencia para el pueblo. Con el tiempo, se necesitan
criterios nuevos para comprender las nuevas realidades.
Este
fue el caso de Tomás y su hijo, Alejandro Campbell. En Escocia,
los Campbell pertenecían a una denominación llamada
La Iglesia Presbiteriana Escocesa de Secesión, de la Sección
"Anti-Burgher", del Grupo de la "Antigua Luz".
Este grupo ofrecía la Cena del Señor sólo dos
veces al año. Esto preocupó mucho a Tomás,
al punto de presentar varias reformas que fueron tratadas con indiferencia
y después fueron rechazadas por el Presbiterio y por el Sínodo
de su iglesia. Más tarde, Tomás Campbell se trasladó
a los Estados Unidos donde se enfrentó con el dilema de compartir
o no la Cena del Señor con creyentes no-presbiterianos en
una comunidad donde su iglesia ofrecía la única oportunidad
de participar en un servicio religioso. Entonces, decidió
practicar la "comunión abierta"-decisión
que violaba la estricta práctica de su grupo-por lo cual
fue reprendido severamente por las autoridades de su iglesia. Este
hecho, entre otros, provocó la separación definitiva
de los Campbell de la Iglesia Presbiteriana Escocesa de Secesión,
llevándoles a organizar un movimiento para restaurar la esencia
de la iglesia del Nuevo Testamento. En este nuevo movimiento, la
práctica de la Cena del Señor sería el elemento
central de la adoración.
Por
otro lado, el pensamiento filosófico del joven Alejandro
también influyó en su formulación teológica
del concepto de la Cena del Señor. El joven teólogo
había sido influenciado por la filosofía empirista
de su época. Este movimiento recalcaba que -aunque todo hecho
debía ser atestiguado por los sentidos para poder creerse-también
era necesario tomar en cuenta los sentimientos, las emociones y
las relaciones humanas a la hora de interpretar un evento. Por lo
tanto, Alejandro creía que los eventos humanos tenían
significados más profundos que lo meramente visible. En nuestro
caso, la Cena del Señor y el bautismo también tenían
significados más profundos que debían ser explorados
a cabalidad.
Estas
presuposiciones filosóficas influyeron en la manera como
Alejandro Campbell interpretaba las Escrituras, particularmente
en lo que a la Cena del Señor y el bautismo se refiere. El
teólogo entendía que estos actos debían mantenerse
porque provenían de los tiempos bíblicos. En lugar
de "sacramentos" los llamaba "ordenanzas" (por
ser mandatos de nuestro Señor Jesucristo.) La centralidad
de las "ordenanzas" en el pensamiento de Alejandro Campbell
responde a que su razonamiento filosófico le lleva a buscar
la base histórica de los eventos, desarrollando su teología
desde dicha base.
A pesar de esto, no podemos olvidar de que el joven Alejandro era
un buen intérprete de las Escrituras y que sus investigaciones
le llevaron a concluir que la Cena del Señor es la celebración
de la resurrección de Cristo, lo que la convierte en el evento
"cristiano" por excelencia. Como escribió el mismo
Alejandro:
...
en la Cena del Señor Dios está en comunión
con sus hijos e hijas, y estos con él. Esto es para el
creyente un banquete de amor. De hecho, esta idea de la centralidad
de la Cena del Señor en la fe cristiana le lleva a señalar
que el memorial no tiene relación alguna con la pascua;
que es un evento nuevo y completamente diferente.
En
resumen, vemos que tanto las condiciones históricas como
su pensamiento filosófico llevaron a los Campbell a recalcar
la importancia de la Cena del Señor como la celebración
básica de la comunidad cristiana.
IV.
La Cena del Señor en la tradición Discípulos
de Cristo
Para
estudiar el concepto de la Cena del Señor en la Iglesia Cristiana
(Discípulos de Cristo) me parece útil identificar
dos dilemas que presenta el análisis de este concepto. El
primero es si la Cena es una "ordenanza" o un "sacramento".
El segundo es si el evento es un "memorial" donde recordamos
a la obra de Jesucristo o si su presencia se hace "real"
cuando celebramos la Cena.
A.
¿Sacramento u ordenanza?
Tradicionalmente
nuestra Iglesia celebra la Cena del Señor cada domingo como
el evento central de la adoración congregacional. Al hacer
esto, los Discípulos se unen a las Iglesias más tradicionales-tales
como la Anglicana o Episcopal, la Luterana, la Católica-Romana
y las Iglesias Ortodoxas-proclamando así nuestra unidad en
Cristo. No obstante, nuestra denominación se distancia de
estas mismas Iglesias al señalar que la Cena no es un sacramento,
sino una ordenanza, una celebración que se lleva a cabo porque
Jesús ordenó que así se hiciera (véase
Mc.14:22-25 y sus textos paralelos). Los fundadores de nuestra Iglesia
tomaron como base las enseñanzas de I Corintios 11:23-26
y la tradición de la Iglesia primitiva (particularmente Hch.
2:42, 46; 20:7) para afirmar que la Biblia nos ordena celebrar la
Cena semanalmente en memoria de Jesús.
Por
su parte, la palabra "sacramento" proviene de una palabra
que significa "misterio" en Latín. La tradición
Católica entiende que un "sacramento" es un acto
por medio del cual el creyente es bendecido por Dios, recibiendo
gracia divina. La tradición Católica entiende que
hay siete sacramentos que sirven como medios de gracia: el bautismo,
la confirmación, el matrimonio, la penitencia (o reconciliación),
la ordenación (o imposición de manos), la unción
de los enfermos, y la eucaristía (nombre dado a la Cena del
Señor basado en la palabra griega "eucharistía"
que quiere decir "acción de gracias"). El racionalismo
que caracterizaba a los fundadores de nuestra iglesia les impedía
aceptar la idea de que un evento humano fuera un "medio de
gracia". Por esta razón, prefirieron usar el concepto
"ordenanza", entendiendo que el mismo era mucho más
bíblico que el término "sacramento.
Ahora
bien, debemos notar que en algunos manuales de teología producidos
recientemente por teólogos de nuestra denominación
se ha comenzado a usar otra vez el concepto "sacramento".
En parte, esto se ha hecho para facilitar el diálogo teológico
y el trabajo en conjunto con la gran cantidad de iglesias y denominaciones
cristianas que prefieren la palabra "sacramento" para
referirse a la Cena del Señor y al bautismo. Estos teólogos
definen un "sacramento" como un acto donde se predica
el evangelio por medio de una acción. Esa acción define
el carácter de la comunidad. En nuestro caso, afirmamos que
la Iglesia es una comunidad que existe porque ha entrado en una
relación de pacto con Dios. Por lo tanto, los "sacramentos"
son aquellos actos que manifiestan ese pacto que existe entre Dios
y la comunidad cristiana.
En primer lugar, podemos afirmar que el "sacramento" básico
de la Iglesia es Cristo, quien es el símbolo y sello por
excelencia de los actos salvíficos de Dios. En segundo lugar,
hay tres actos que podrían ser llamados "sacramentos",
ya que manifiestan el pacto que une a la Iglesia con Dios. Estos
tres actos son: la confesión de fe en un Jesucristo, el Señor;
el bautismo; y la Cena del Señor. Por lo tanto, la Cena del
Señor es un acto que tiene valor "sacramental"
porque ejemplifica el pacto que el creyente hace con Dios y con
la Iglesia de Cristo. La Cena es, pues, un acto intensamente comunitario
a la vez que es intensamente personal.
Otro
elemento a considerar es que la Cena se lleva a cabo en la "mesa
del Señor" (véase I Co. 10:21b). Nuestra Iglesia
entiende que-como dice la Escritura-la Cena es un acto que le pertenece
al Señor Jesucristo. Es Cristo quien nos convoca y quien
preside la mesa. La mesa es "del Señor", no es
nuestra. Por esta razón, nuestra Iglesia enseña que
el liderazgo de la congregación no debe impedir el acceso
a la mesa. En la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo)
cada persona debe examinarse a sí misma-en oración
a Dios-en preparación al acto. Dado que Cristo es quien en
realidad preside la mesa, la validez del acto no depende de la persona
que oficie el evento. Por esta razón, nuestra Iglesia afirma
que la Cena del Señor puede ser oficiada tanto por ministros
ordenados, pastores o pastoras laicas, o las personas que sirven
como ancianas de la congregación. En esto, la práctica
de nuestra denominación difiere de otras tradiciones cristianas
donde sólo personas ordenadas al ministerio pueden oficiar
la eucaristía.
B.
¿Memorial o Presencia Real?
El
otro dilema que caracteriza nuestra teología sobre la Cena
del Señor es la tensión entre los conceptos "memorial"
y "presencia real". Aunque nuestra iglesia entiende que
celebramos este acto "en memoria de" Jesús (I Co.
11:24), la Cena del Señor implica mucho más que un
mero "recordar". La Cena del Señor es un acto por
medio del cual la Iglesia proclama los poderosos actos de Dios en
Cristo y conmemora los eventos históricos por medio de los
cuales Dios reconcilió al mundo consigo mismo. En este sentido,
la Cena del Señor nos trae a la memoria que Dios se ha revelado
al mundo en la persona de Jesucristo.
Es
precisamente este énfasis en la Cena del Señor como
acto memorial lo que le ha restado importancia al debate en torno
a la forma como la presencia de Jesucristo se manifiesta cuando
se lleva a cabo este acto. Los Discípulos de Cristo nunca
han debatido cómo Cristo está presente en los elementos
o en el acto de la Cena. Nuestra Iglesia se ha limitado a testificar
que cuando celebramos la Cena del Señor nos sentimos en comunión
íntima con Dios y con los demás. En otras palabras,
es más importante saber que Cristo está presente que
saber cómo está presente. A pesar de esto, tanto la
teología como la práctica de la Iglesia se han inclinado
a las interpretaciones más "espirituales" o "simbólicas"
de la Cena del Señor, recordando siempre que se deben evitar
los extremos. Nuestra Iglesia no piensa que el pan se transforma
en la carne de Jesucristo ni que el vino se convierte en su sangre
literalmente. Sencillamente, afirmamos que sentimos la presencia
del Cristo Resucitado cuando tomamos la Cena del Señor.
En
resumen, encontramos que en la Iglesia Cristiana (Discípulos
de Cristo) el concepto de la Cena del Señor se caracteriza
por la tensión entre los conceptos "ordenanza"
y "sacramento"-donde se entiende la Cena como una ordenanza
con significado sacramental-y la tensión "memorial"
y "presencia real"-donde se recalca la importancia de
la Cena como proclamación de la obra de Dios en Cristo.
V.
Conclusión
La
Cena del Señor en la Iglesia Cristiana (Discípulos
de Cristo) es un acto memorial por medio del cual el creyente se
reafirma en el pacto que contrajo con Dios el día de su bautismo.
Este pacto le une con Jesús, con la comunidad de fe a través
del tiempo y el espacio, y con toda la humanidad por la cual Cristo
murió. En la celebración de la Cena del Señor
expresamos la plenitud de nuestra fe:
- Dramatizamos
el evento decisivo de nuestra fe.
- Afirmamos
la presencia del Señor en medio de su Iglesia.
-
Nos unimos como miembros de la familia de Dios alrededor de la
mesa comunitaria
-
Tenemos un momento de comunión personal con el Señor.
-
Afirmamos nuestra unidad con el cuerpo de Cristo.
-
Proclamamos la victoria final de Jesucristo como Señor
de lo creado y vencedor sobre la muerte.
-
Renovamos nuestro pacto con Jesucristo (Mc. 14:24-25.)
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